February 26, 2008 @ 3:51 am
La Tía Berta (Aunt Berta)
This is the short story about Aunt Berta, written by Felipe Marquez, a venezuelan writer.
La tía Berta
Felipe MarquezLa tía Berta nació en medio de un intenso bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial Junto a la explosión se escuchó el grito de tía Herda, su madre, mi tía abuela, recorriendo el túnel del, refugio antiaéreo.
La tía Berta llegó a Venezuela hacia 1960, hablaba 15 idiomas, incluyendo fenicio, etrusco y arameo. Usaba gruesos lentes y era mujer de pocas palabras. tía Berta fue ascensorista profesional, con su sonrisa, casi mueca, subiendo y bajando horario corrido.
Algunos domingos mi papa y yo (mama no soportaba aquella) íbamos a visitarla al edificio “Osiris”, donde trabajaba. Cuando ingresábamos en el ascensor de seis puestos, ella generalmente leía a Balzac o a Shakespeare, mientras algunos usuarios la saludaban con extrafio respeto.
Mi tía no era una ascensorista cualquiera, su presencia abarcaba demasiado espacio en aquel recinto móvil.Como dije antes, papa y yo la vistabamos los domingos (al mediodía) y mi padre Ie contaba todo lo ocurrido durante la semana: el nacimiento de mi primo Federico, la venta a de unos terrenos en Camuri o la operación de apéndice de la vecina. A tía Berta parecía no interesarle demasiado el discurso de papa, esgrimía su mueca usual y por educación suspendía la lectura de Sueño de una Noche de Verano, aunque insinuaba imperceptiblemente que la dejáramos en paz.
Solamente un día acarició mi cabeza, el día que cumplí seis años, sellando en mi frente las siguientes palabras: “Hijo mió, en la vida todo sube y baja inesperadamente. De pronto crees que estas en la planta baja y te encuentras en el piso 13″ Dijo esto y apretó el botón para que saliéramos a la calle.
En mi adolescencia fueron espaciándose cada vez mas las visitas a tía Berta, quien cambió varias veces de edificio. Mi padre la visitaba siempre levándole algunos libros o una bolsa de caramelos de miel.
Nunca pude saber si fue feliz, algo infeliz o absolutamente infeliz.
Sólo puedo decir que siempre la sentí serena y equilibrada en las alturas.EI 22 de agosto de 1974 quedó dormida (aparentemente) en su pequeña silla metálica, con las obras completas de Whitman entre sus manos.
Había fallecido entre el piso 8 y el piso 7 del edificio “Alcázar: ubicado en la avenida Panteón.
En su lapida reza 10 siguiente:
“Aquí yace Berta Brandt, abajo, pero arriba”.Algunas veces acompañó a mi familia a adornar su pequeña parcela con flores y uno que otro caramelo de miel, para entera satisfacción de las hormigas y del tiempo.
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